
Un nuevo comienzo
En 2018 salí de Cuba con mi hijo de 12 años y llegué a Miami. Antes de irme había construido una carrera en finanzas: Soy licenciada en Matemática y había trabajado en un banco toda mi vida.
Uno de mis miedos más grandes al llegar era simple, pero pesaba mucho: No poder volver a hacer lo que me gusta.
Sin papel, solo mi palabra
Estaba dispuesta a trabajar en lo que fuera necesario.
A los pocos días de haber llegado, salí a buscar trabajo tocando puertas a los negocios que me quedaban cerca de donde vivía, para poder ir caminando.
No tenía resume. No tenía referencias en este país. Lo único que tenía era la conexión genuina con la persona que tenía enfrente: mirarla, contarle quién era yo, de viva voz, con mi ética de trabajo como única carta de presentación.
En el Palacio de los Jugos me contrataron para servir, y empecé ese mismo día. Debo confesar algo: Odio la cocina. Soy pequeña, tenía que estar en puntas de pie para poder alcanzar la comida, y me quemaba. Aun así, estuve cinco días ahí, con responsabilidad, haciendo mi trabajo lo mejor que podía. No era el trabajo con el que soñaba, pero era trabajo, y yo me lo iba a tomar en serio.
La conexión que me abrió una puerta
Hasta que me llamaron de un check cashing store. Tuve la suerte, o el destino, de que la dueña estaba ahí el día que yo fui buscando trabajo, y había conversado con ella ese mismo día. Le agradezco infinitamente que me diera esa oportunidad.
No fue un papel lo que me abrió esa puerta. Fue una conexión genuina, eso que pasa cuando te muestras tal cual eres, sin máscaras, sin pretender ser otra persona. Esa autenticidad fue lo que me abrió el camino.
Conexiones que se convirtieron en propósito
Ahí empecé de vuelta en finanzas. Y conocí a muchos emprendedores con sus negocios, que me hacían preguntas de todo tipo, de contabilidad, de negocios, de cómo estructurar mejor sus finanzas, de cómo hacer las cosas bien aquí. No siempre tenía la respuesta al momento.
Esas preguntas me hacían estudiar e investigar por mi cuenta, porque yo quería ser capaz de ayudarlos de verdad.
Con el tiempo esas conversaciones se convirtieron en algo más grande que un simple favor.
Se convirtieron en relaciones reales y en la manera en que empecé a entender que la comunidad latina de negocios no necesitaba solo a alguien que le llevara los números, sino a alguien dispuesto a caminar a su lado.
Lo que mis propios números no me dijeron
Ayudando a esos emprendedores aprendí mucho pero no fue hasta que tuve mi propio negocio que entendí lo que de verdad se siente del otro lado.
A mí me encantan las cotorras, y en 2020 empecé un ecommerce vendiendo juguetes de pájaros.
Y ahí, con mi propio negocio, viví el momento que cambió mi manera de ver las finanzas. El primer año que hice mis taxes, cuando el contador me dijo lo que debía, por poco me caigo de la silla.
Tener tus números en orden no es lo mismo que tener una estrategia.
Yo, con mi contabilidad perfecta, ordenada, al día, no tenía ninguna estrategia financiera detrás. Llevaba mis libros al día, cumplía con todo, pero tener los números correctos es solo la base.
Nadie me había enseñado a interpretarlos, a usar las leyes fiscales y las estructuras legales que este país le ofrece a cualquier negocio. Sin esa estrategia fiscal, pagué de más y dejé pasar deducciones y oportunidades que pude haber aprovechado, dinero que se quedó en el camino en lugar de hacer crecer el negocio.
Así nació Casa Anavi
Ese tropiezo con mis propios impuestos, junto con todo lo que había visto y escuchado de los emprendedores latinos en el check cashing store, fue lo que me hizo tomar la decisión: Quería ayudarlos con algo más que llevar números, quería darles una verdadera asesoría fiscal.
Así que estudié, saqué mis licencias y mis credenciales, y con el respaldo de 20 años de experiencia en finanzas, creé Casa Anavi. Hoy, trabajo la contabilidad y la estrategia fiscal como una sola cosa, porque no sirve tener los números en orden si no sabes qué hacer con ellos para pagar menos y crecer más.
Lo que de verdad abre puertas
Todo lo que me ha pasado en este camino tiene una misma raíz: mostrarme genuina, tal cual soy, y dejar que eso construya una conexión real con la persona que tengo enfrente.
Así conseguí mi primer trabajo en Miami. Así se convirtieron en relaciones reales las preguntas de aquellos emprendedores. Y así nació Casa Anavi.
Hoy, como Estratega Fiscal, hago lo mismo por cada emprendedor latino que llega a mí, me conecto con la persona antes que con sus números, porque solo cuando conoces sus sueños y sus metas puedes construir una estrategia que de verdad ayude a crecer su negocio.
Así que la próxima vez que alguien te pregunte qué sueñas para tu negocio, cuéntaselo de verdad, esa misma conversación puede ser la que te lleve más lejos de lo que imaginas.
Anai Acevedo
Estratega Fiscal · Fundadora de Casa Anavi
@casaanavi